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Se cumplen 31 años desde la catástrofe de Chernobyl, estas son las fotografías de cómo están sus habitantes hoy en día

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Niñas y niños estaban dormidos, sus padres, veían las últimas escenas de televisión al día para prepararse para la mañana siguiente, con su jornada normal. De pronto, a la 1:23 de la mañana, la mayor tragedia humana y ecológica de todos los tiempos acabó con la ciudad. El 26 de abril de 1986, el cuarto reactor de la planta nuclear de Chernobyl acabó con la vida de 8 millones de personas de Bielorrusia, Ucrania y Rusia.

El pánico se desató, cientos de personas tuvieron que ser trasladadas a otros lugares porque la radiación era demasiado alta. Las que una vez fueron ciudades con vida desaparecieron casi por completo: niños, colegios, hoteles, jardines, escuelas y la vida citadina se extinguieron como si se tratara de un Apocalipsis local.

La zona quedó vetada del mundo. Nadie entra ni sale sin tener antes autorización. Es un gueto, un lugar imaginado, la esperanza perdida de un mundo que parecía progresar en la industria nuclear. Los periodistas e investigadores pueden entrar pero nadie más. Los militares tienen retenes y científicos e ingenieros entran bajo el control armado de hombres que aseguran protegerlos.

Adentro es otro mundo. Uno que parece futurista, la realidad de lo que nos espera si dejamos de esforzarnos por cuidar nuestro hogar, un planeta cada día más devastado. Pero en ese mundo que parece no tener vida, aún hay resquicios de aquellos que permanecieron en su hogar. No son muertos pero el olvido de un mundo ajeno a ellos, parece ser su tumba que permanecerá cerrada hasta su muerte. Malformaciones y enfermedades los aquejan. Permanecen como en un lugar desierto en el que son sombras fantasmagóricas que solamente yacen de pie.

Esas familias que aún residen en la zona han logrado sobrevivir treinta años comiendo y bebiendo productos contaminados. Su vida es un pasaje insólito y esperanzador de vida en un sitio donde la historia parecería haber dejado todo muerto. Ellos continúan y la vegetación crece, pues, según los científicos, tanto plantas como humanos pueden llegar a acostumbrarse a niveles de radiación. El desastre aún se siente. Con cientos de partículas en la atmósfera terrestre, la radioactividad está en todos lados y aquellos que continúan en el sitio, respiran el polvo radioactivo cada instante.

Dos fotógrafos han decidido plasmar los desastres de Chernobyl en la comunidad que ahora persiste y permanece en el lugar. El primero de ellos es el fotoperiodista Paul Fusco, quien asegura, lo único que busca es que las personas vean. Con su serie “Chernobyl Legacy” retrató en blanco y negro el horror de los habitantes. Algunos sin sistema linfático, con columnas vertebrales deformes o tumores que no podían ser removidos, logró captar el estilo de vida de aquellos que se han convertido en unos parias sin querer serlo.

En tres visitas logró captar a aquellos quienes la radiación destruyó; los que reciben amor pero no educación. Que nunca han visto el mundo exterior, el avance del mundo y por supuesto, nunca han disfrutado de los placeres banales del mundo real. Quién sabe qué piensen si ven una dona de chocolate, un programa de televisión o un celular, ellos son víctimas de un error nuclear que nada tenía que ver con ellos. Son el error que pesa en la conciencia de los científicos e ingenieros, pero viven felices, ignorando lo que hay afuera.

“Todo lo que puede estar mal en un cuerpo está ahí y mucho más; es impresionante el número de las diferentes clases de destrucción. Es como mirar una raza diferente”. Aseguró el fotógrafo.

Sus fotografías fueron tomadas en el año 2000 pero aún impactan en la sociedad. Muchos intentan igualar su trabajo y denunciar el desastre que sufren aquellos que ni siquiera lo concibieron. La fotógrafa Jadwiga Bronte exploró los efectos del desastre de Chernóbil en las personas de Bielorrusia, muchos de ellos, aún viven en algunas instituciones llamadas internados: parte asilos, parte orfanatos, parte hospicios. Pasan su vida escondidos del resto, auspiciados por el gobierno.

Decidió comenzar su proyecto porque nació en Polonia, parte de la Unión Soviética cuando ocurrió el desastre de Chernóbil, así que, después de leer sobre el tema y conocer el trabajo de Fusco, sentía que era su deber fotografiar a aquellos que aún sufren. Aquellos a los que visitó Bronte eran fuertes y nobles y con su trabajo pretende demostrar que, aunque tengan malformaciones, pueden estudiar, trabajar, construir relaciones duraderas y contribuir a la sociedad. Una felicidad cruda.

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1 Comment

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  1. liliana

    7 Junio, 2017 at 7:58 am

    puto mundo de mierda, humanos? no, negociados.

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Internacional

Mataron a su novio, pero enamoró al asesino por internet y lo que hizo es brutal

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Un hombre llamado Bimbo tenía un crimen por encargo como siempre. Uno más. No era uno político ni comercial. Pero en principio consistía en un “trabajo” fácil y no debía despreciarlo para ganar dinero y prestigio. Era mediados de febrero cuando le asignaron la tarea a este sicario de Bogotá.

Debía asesinar sin dilación a un reciclador en la localidad de Bosa de la capital colombiana. Pero algo falló sin esperar. Más precisamente, su arma. Huyó antes de que respondieran con fuego su misión. Pero al escapar del altercado, percibió que una pareja que ingresaba a su vivienda con su vehículo lo había visto, y se le pasó por la cabeza lo peor.

No quería dejar testigos y no vaciló ni un segundoo: asesinó al conductor del automóvil, Ángel Giovany Aparicio, un paramédico. A su lado estaba su preciosa novia, quien desesperada y aterrada lo sostuvo en sus brazos los segundos finales de su vida.

Al principio, la policía no creían en la versión de la mujer. Afirmaban que Aparicio había sido víctima de una bala perdida durante el altercado en la calle. No creían que había sido fusilado sin piedad. Pero ella -cuyo nombre no trascendió por razones de seguridad- sabía bien qué había ocurrido esa noche.

Fue entonces que decidió comenzar a investigar y colaborar junto a la Sijín Bogotá para el esclarecimiento del caso de una vez por todas. Para ello -con la ayuda de los detectives policiales- ideó un plan perfecto: creó varios perfiles falsos en las redes sociales, concretamente en Facebook y comenzó a rastrear conocidos por la zona en que operaba el criminal.

Foto del asesino.

Poco a poco y sin descanso consiguió dar con él. Conocía su supuesto alias y su nombre, que fueron aportados por la policía. Pero necesitaba pruebas para incriminarlo. Hasta que el hombre cayó en la trampa por la red social.

La mujer lo conquistó como nunca se podía haber imaginado, ganó su confianza plena. Intercambiaron mensajes todos los días, de todo tipo. Orales y escrito. Ella le enviaba fotografías sexuales, incluso. Le contaba que estaba sola, que había sido condenada y que cumplía la sentencia en su casa. Decía pertenecer a una peligrosa banda criminal. Por el momento, sería difícil que se conocieran en persona para intentar tener una relación.

Pero le indicaba que estaba ansiosa y continuaba mandándole fotos íntimas para tenerlo bien atento, sin que su rostro apareciera claramente. Ciego este hombre, él también comenzó a contarle sobre su vida. A confesar sus delitos. Le relató varios asesinatos, pero sobre todo el que más le importaba a ella: el de su querido y añorado novio, el paramédico Aparicio.

Foto de su novio.

Al escuchar el mensaje que Bimbo le enviaba por el sistema de mensajería, la joven sintió que la sangre se le congelaba. Pero también sabía que tenía la prueba que tanto necesitaban las autoridades para hallar justicia.

El accionar de la mujer no sólo sirvió para poner tras las rejas al sicario, sino también para poner fin a una peligrosa banda delincuencial de Bogotá: Los Cápsulas, un grupo criminal dedicado al narco y a los asesinatos por encargo que opera desde hace 10 años en Bosa, Piamonte y Humberto Valencia, según consignó el diario El Tiempo. Quince de sus integrantes quedaron detenidos.

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