Ya han pasado más de 53 años que los turistas del crucero Laconia esperaban pasar una preciosa Navidad en nuestra tierra. El folleto del viaje decía que era un de los destinos más seguros del mundo y con sol que fascinaría a todo el mundo.

La tragedia se produce el 22 de diciembre de 1963, el Laconia sufre un terrible y devastador incendio. Murieron 128 personas. de los cuales 95 eran pasajeros y 33 miembros de la tripulación del Laconia. En el barco iban 646 pasajeros y 376 tripulantes con un total de 1.022 personas.

Durante el incendio hasta cinco buques mercantes intentaron ayudar al barco en llamas. El primero de los buques no pudo llegar hasta pasado cuatro horas desde la primera llamada de socorro por culpa errores en la localización. Esto se convirtió en una pesadilla para los viajeros, el destino que le prometieron de sol y seguridad en Canarias se convirtió en su peor pesadilla.

El buque que partió desde Southampton hizo una breve visita a Azores, cuando este registró un incendio en la cocina en alta mar cuando iba rumbo a las Islas Canarias. El 29 de diciembre, el Laconia se hundió a 230 millas al suroeste de Lisboa. Una curiosidad qu hay que destacar fue  que la noche del incendio el capitán del Lakonia invitó a los pasajeros a disfrazarse de vagabundos en un baile donde el premio era una botella de vino blanco que, finalmente, se ganó una niña de 13 años. Justo cuando se entregó el premio, comenzaron a sonar las alarmas.

La gente pensaba que ese sonido era producto de la fiesta, así que a medida que pasan los minutos, la gente del cine se da cuenta que el humo que comienza a verse no forma parte de ninguna fiesta cundiendo el pánico entre los pasajeros. Muchos de los pasajeros que se fueron a dormir antes de la fiesta no se dieron cuenta de lo que pasaba, 22 minutos después de las doce de la noche, el capitán Zarbis ordenó abandonar el Lakonia.

Después de la señal de alama salieron muchos buques y aviones para el rescate, pero dada la distancia de la costa los aviones no tenían margen de maniobra por ausencia de combustible. Como pudieron, los aviones lanzaron balsas hinchables para 600 personas cuando se sabía que en su interior viajaban 1.022 personas, 400 mantas, comida de supervivencia, bengalas y botiquines.

Los oficiales del barco dieron instrucciones contradictorias y la tripulación estaba perdida por la variedad de idiomas y los nervios en la tragedia. Por culpa del agua helada los niños y mayores fueron los primeros en morir cuando cayeron al mar. Esta fue una de las peores tragedias marítimas en rutas hacia Canarias, conmocionó a todo el mundo y marcó un antes y un después en procedimientos de emergencia marítimo.