Los rikishi se caracterizan por tener un gran peso y luchar casi desnudos, cubiertos solamente por un tapa rabos o mawashi, cabe destacar que el color de esta indumentaria hace una diferencia de categorías, por ejemplo los de mayor rango visten los blancos, mientras que los más jóvenes los negros.

Como dato curioso, los mawashi no suelen lavarse, ya que se dice que es de mala suerte, por lo que tras cada entrenamiento sólo se pone al sol para que se ventile y seque.

No hay que confundirse con el volumen de estos deportistas, ya que mantienen una estricta preparación que los mantiene atléticos todo el tiempo y entrenan a diario para ser los mejores y participar así de los torneos nacionales.

En Japón existe algo así como el Centro de Alto Rendimiento, pero es exclusivo de quienes practican este deporte, en esas instalaciones los luchadores viven como una gran familia con el mentor y realizan una estricta rutina que comienza a las 06.00 de la mañana con un entrenamiento en la arena, siempre semidesnudos tanto en invierno como en verano.

Al término de cada entrenamiento que dura unas cuatro horas, los rikishi ordenan el dohyo, barriendo sutilmente la arena del mismo y colocando un montoncito de arena con una bandera en el centro para su purificación.

Luego de aquello, se dirigen a la peluquería donde un experto se encarga de arreglar sus peinados y dejar amarrados sus cabellos con un aceite especial y lazos.

Alrededor del medio día los luchadores se alistan para almorzar y lo hacen en grande, consumiendo guisados de verduras y carnes con al menos 5 tazones de arroz, algo que termina siendo parte del proceso de formación, posterior a esto, se disponen a tener una siesta de unas cuatro horas para después cenar, ver televisión y prepararse para otro día de esta rutina.

A simple vista parecen personas “normales” que practican una disciplina que se jacta de más de 15 siglos de historia. Sin embargo, los luchadores de sumo poseen una escalofriante vida detrás de escena.

Un ávido fotógrafo de la agencia Reuters tuvo acceso a uno de los centros de entrenamiento en Tomozuna y constató lo que se encuentra tras esos colosales cuerpos que combaten para ver quién cae primero al piso.