En el año 1988, agentes de la Policía Nacional lograron evitar que un secta cumplirá su objetivo de realizar un suicidio colectivo en el Teide, la secta estaba liderada por una psicóloga alemana, el objetivo era que 33 personas se quitaran la vida en El Teide. La líder de la secta finalmente fue puesta en libertad por falta de pruebas.

                       La psicóloga alemana Heide Fittkau-Garthe, líder de la secta

Esta secta creía que el mundo se acabaría justo a las 8 de la tarde del día 8 de enero de 1998, su plan consistía instantes antes de que el planeta llegará a su fin, quitarse la vida en un ritual a los pies del Teide y una vez todos fallecidos, una nave extraterrestre les transportaría a otro nivel de existencia para siempre. Eso sí la líder, según medios nacionales y locales, dejó en su cuenta personal 300 millones de pesetas por si acaso, ingresos que habían hecho todos los integrantes de la secta, muchos de ellos cedieron la mayor parte de sus pertenencias y bienes. En las reuniones de por aquel entonces los integrantes en su mayoría todos alemanes pagaban 50.000 pesetas por reunión con la líder.

La operación policial saltó a raíz de denuncias de familiares, incluso de propios hijos de integrantes de la secta, la policía se llevó una sorpresa, pues que prácticamente la totalidad de la personas integrantes tenían estudios superiores y una vida acomodada en Alemania.

Un día antes de la fecha programada para el suicidio colectivo, los integrantes de la secta se estaban preparando en un piso del Barrio de La Salud en Santa Cruz de Tenerife, los agentes irrumpieron en la vivienda y se encontraron a los integrantes vestidos con túnicas, descalzos, escuchando una musica para meditacion y unos calderos enormes con comida vegetariana. En la puerta de esta vivienda encontraron 4 coches propiedad de la líder y más vehículos alquilados para trasladar a la gente al Teide. Todos fueron detenidos y puestos a disposición judicial.

Diez días más tarde la líder de la secta fue puesta en libertad por el juez, por falta de pruebas, nunca se encontró el veneno que iban a emplear para el suicidio colectivo, y sobre todo, con el apoyo unánime de todos los miembros de la secta que lograron que el juez pusiera en libertad a la líder y le devolviera el pasaporte, y levantara el embargo a todos sus bienes. La policía nunca tuvo dudas de sus intenciones.