Los esfuerzos de la comunidad internacional y varias asociaciones a favor de los animales, no han conseguido parar el próximo año la matanza de delfines, esta comenzará nuevamente el año que viene en una pequeña villa japonesa, lo que enfrentó a ambientalistas y a personas de la localidad que afirman defender sus tradiciones. La matanza ocurre en la ciudad de Taiji, un pequeño pueblo de poco más de 3.000 personas localizada en la prefectura de Wakayama, donde cada año desde septiembre hasta marzo del siguiente año, se matan a cerca de mil delfines de una manera brutal.

Aunque los habitantes de la zona de Wakayama ven a los delfines y a las ballenas como una fuente legítima de recursos marinos para su economía, la cual permite a la comunidad sobrevivir económicamente por la falta de oportunidades en la zona, la organización afirma que está en contra debido al método que se utiliza para capturar a los delfines.

El método de captura, consiste en golpear tubos de metal creando una pared de sonido que desorienta y deja sordos al grupo de delfines, los cuales luego son acorralados en una playa, donde son atacados de una forma “bárbara”.

Estos pobres animales son golpeados en la espina dorsal con piezas de metal, por lo que no mueren inmediatamente, sino que generalmente se desangran lentamente debido a heridas internas que sufren en esta barbarie.

Por la carne de los delfines muertos, la localidad gana unos 400 o 500 dólares, pero por los delfines que son capturados vivos y que son vendidos a acuarios, llegan a obtener hasta 100 mil dólares por animal.