Un estudio publicado en la revista Intelligence, indica que la inteligencia occidental va en declive por 14 puntos desde la era Victoriana. Y viendo lo que vemos cada día en Internet, a mi al menos no me ha sorprendido lo más mínimo. Pero profundicemos en el estudio un poco.

El co autor del estudio Jan te Nijenhuis, profesor de trabajo y psicología organizacional de la Universidad de Amsterdam, señala uno de los varios motivos. Las mujeres de gran inteligencia tienden a tener menos hijos que las de menor capacidad. La asociación entre I.Q. y la fertilidad ha sido demostrada en más de una ocasión a lo largo del siglo pasado, aunque no es la única evidencia de la pérdida de capacidad intelectual.

De ser cierto, la reducción de inteligencia podría tener su génesis cuando la selección genética se relajó” explicó el Dr. Gerald Crabtree, profesor de patología en la Universidad de Stanford. “Supongo que esto ocurrió a medida que nuestros ancestros empezaron a vivir en sociedades con mayor densidad (ciudades) y obtuvieron acceso a un suplemento constante de comida. Ambos resultaron de la invención de la agricultura, hace 12,000 años.”

Pero volvamos al estudio del Dr. Te Nijenhuis, que analizó el resultado de 14 estudios de inteligencia conducidos entre 1884 y 2004, incluyendo a uno de Sr. Francis Galton, antropólogo inglés y primo de Charles Darwin. Cada estudio calibró el tiempo de reacción visual –cuanto le toma a cada participante presionar un botón en respuesta a un estímulo visual- que refleja la rapidez del procesamiento mental de una persona y se considera una indicación general de inteligencia.

A finales del siglo XIX, la reacción visual era de 192 milisegundos en promedio de acuerdo al estudio. En 2004, ese tiempo se incrementó hasta 275 milisegundos. Si bien la máquina utilizada para hacer la medición en el siglo antepasado era menos sofisticada que las actuales, el investigador asegura que su información es directamente comparable con la moderna.

Sin embargo, otros estudios sugieren un incremento aparente del I.Q. desde la década de los 40, a lo que se le conoce como el efecto Flynn. A esto, te Nijenhuis sugiere que el fenómeno refleja la influencia de factores ambientales como mejor educación, higiene y nutrición y podría enmascarar el verdadero declive de la inteligencia heredada en Occidente.