El nombre de este brillante hombre es Frank Stephens, es un actor y fuerte defensor del Síndrome de Down, y la semana pasada habló en el Congreso de los Estados Unidos durante el Comité de Educación en relación al aborto y, más específicamente, a quienes abortan fetos por el mero hecho de haber sido diagnosticados con Síndrome de Down.

“Soy un hombre con Síndrome de Down, y mi vida merece la pena ser vivida”, afirmó de manera drástica durante el transcurso del Comité del pasado miércoles.

Soy un hombre con Síndrome de Down y mi vida merece la pena ser vivida.

Stephens, seriamente perturbado por todo lo que ocurre con estos niños se refirió a un informe reciente, de durísimo contenido, que indica que casi el 100% de los bebés diagnosticados con Síndrome de Down son abortados en Islandia. Pero no se quedó ahí, también hizo hincapié en las altas tasas de despido de este colectivo en países como Dinamarca y Corea del Sur. Frank se refirió a estos datos como “profundamente prejuiciosa”, y parte de “una idea obsoleta de la vida con Síndrome de Down”.

Su discurso completo ha corrido como la pólvora en las redes sociales estos días y sus declaraciones han calado muy hondo en la sociedad.

Discurso