Mucha gente de Canarias incluso que llevan viviendo muchos años en las islas, desconoce por completo cual fue la mayor catástrofe natural de las Islas Canarias. Sucedió en Tenerife, la noche del 7 al 8 de noviembre de 1826, el El barranco de Gúímar llego a tener 1,4 kilómetros de ancho de agua corriendo a grandes velocidades. Apenas nadie conoce nada de esta historia. No figura en los libros de historia de Canarias que se estudian en los centros escolares. No está en la memoria colectiva como un riesgo que pueda volverse a repetir. Prácticamente no existe.
Esa noche de esa gran tormenta llegaron a aparecer 12 barrancos nuevos en el Valle de la Orotava, también el puerto de Puerto de la Cruz quedo sepultado por toneladas de escombros. La tormenta y su intensa lluvia duro más de 11 horas seguidas sin dar tregua hizo que más de 300 viviendas fueran arrancadas de sus cimientos de raíz y muchas otras fueron afectadas muy gravemente y esto solo en La Orotava.

Algunas crónicas de la época que han llegado hasta nuestros días hablan de 1.000 muertos y en otras de centenares, pero lo que queda muy claro sin lugar a dudas es que la Isla de Tenerife se vio totalmente arrasada.
Uno de los pocos elementos viviendo a día de hoy y que da testimonio de tal destrucción es una marca en el pueblo de San Juan de La Rambla donde hay una inscripción en un segundo piso donde dice que hasta ahí llegó el agua.
Once horas lloviendo torrencialmente generó grandes destrozos tanto materiales como personales por toda Isla. “La gente no se oía del estruendo del agua y nadie sabía si estaba más seguro en su casa o fuera.

Inscripción donde se refleja hasta dónde llegó el agua en 1826

En el año 1826 no había fotografías ni vídeos, ni las redes sociales y ha quedado muy poca constancia documental del suceso. Se sabe que los muertos se contaron por centenares, pero no hay un censo exacto. El militar Juan Megliorino dice que fueron “más de 1.000” y otras crónicas hablan de 265 muertos solo en el Valle de La Orotava; 112, en La Orotava; 35 en Puerto de la Cruz; 14 en Los Realejos; y 52 en La Guancha. “Hay que recordar que en esa época en La Orotava vivían 6.500 personas y que falleció el 1,6% de la población”.

Riada en Puerto de la Cruz

En esas 11 horas de máximo terror, no solo murieron cientos de personas, sino que, también, se arrasaron zonas boscosas completas; se produjeron efectos en el relieve que hoy en día son constatables. Por ejemplo, sepultó el antiguo muelle de Puerto de la Cruz con la cantidad de elementos que bajaron por el barranco de San Carlos hasta el punto que su desembocadura creció 250 metros. En ese mismo lugar, desapareció el Castillo de San Felipe al igual que lo hicieron cuatro o cinco castillos más como el de San Felipe en Santa Cruz de Tenerife. También el agua arrasó con acueductos, puentes y todo tipo de vías. Algo así tuvo que producirse por un caudal de agua enorme, el profesor de la Universidad de La Laguna Eustaquio Villalba ha llegado a calcular que pudieron ser 1.000 litros por metro cuadrado. Fruto de esto, en Las Cañadas del Teide se formaron grandes lagunas de agua que, al desbordarse, se abalanzaron por la zona de La Guancha produciendo allí más de 50 muertos.