Connect with us

Internacional

Estas imágenes de una cárcel en Filipinas son como el infierno en la Tierra, la vida NO vale nada

Publicado

hace

Si alguna vez dudaste sobre la existencia del infierno, ahora podrás conocerlo con tus propios ojos.

«Hitler masacró tres millones de judíos… Hay tres millones de drogadictos. Estaría feliz de matarlos», dijo públicamente Rodrigo Duterte, actual presidente de Filipinas, quien ha puesto en acción una “guerra” contra el narcotráfico, intentando aniquilar el consumo de estupefacientes en el país. Dicha medida ha cobrado la vida de miles de personas inocentes y la encarcelación de al menos otro millar.

«Queda más gente por matar, muchos perderán la vida hasta que saquemos al último traficante de las calles. Hasta que sea muerto el último productor de drogas, vamos a seguir y yo voy a seguir», fue la sentencia condenatoria del mandatario.

Noel Celis es un fotoreportero que se atrevió a retratar esta inhumana realidad que azota el país asiático desde el 2016. Desarrollando un trabajo para la agencia de noticias AFP, con el cual visitó la cárcel del barrio de Quezon, en Manila, que fue construida para 800 detenidos, y, sin embargo, alberga a cerca de 4.000.

«Tras la elección presidencial del 9 de mayo, además de trabajar en la oficina de la AFP en Manila, empecé a pasar las noches alrededor de las comisarías de la capital», explicó el fotógrafo en el reportaje.

Las condiciones de hacinamiento son un vivo retrato de la tortura. Al ver estas fotografías no quedan dudas que se trata de un crimen hacia la humanidad misma. Sólo imagina lo que debe ser pasar un día ahí. Dormir piel con piel, no tener espacio para respirar.

La respuesta fácil e inmediata sería “bueno, pero son criminales”; sin embargo, hay que recordar que muchos de los presos han sido encerrados sin un juicio completo de por medio. Hay cientos de casos irregulares, personas que nunca cometieron ningún crimen, sólo estar en el lugar y momento equivocado.

Incluso, si las personas aquí recluidas hubieran traficado drogas o consumido ¿eso les haría merecedores a este tipo de castigo?

«Ni una sola de las fotos se trata de una escenificación o es producto de una recreación. Estar ahí dentro era u infierno. Si querías ir de un sitio a otro los presos debían hacerte hueco al andar», explicó Celis en este escrito en colaboración con Cecil Morella.

Agregó: «Los presos estaban acostados apretados como sardinas en el patio. Dentro de las celdas atiborradas de personas casi no había espacio para avanzar entre las improvisadas camas y las hamacas. Tuve que pedirle a uno de los presos que se levantara para poder pasar. Si en este momento hay una revuelta, morimos, pensé. ¿Y si deciden tomarnos como rehenes?»

«La cobertura en la cárcel hacinada ha sido lo más cerca que he estado del infierno. Me recordó a los viejos cuadros de Dante. Si el infierno fuera real, sería así».

Esta conclusión no es en un sentido estético. Supera cualquier intención de ser una fotografía artística. Lo que buscó al arriesgarse a tomar estas fotografías fue denunciar, informar a la comunidad internacional, la situación penitenciaria de Filipinas. Poner rostro al dolor y la ignominia, trascender los datos estadísticos de los noticieros y encarar a la sociedad permisiva a esta realidad.

A veces, como en este caso, la fotografía no cumple la función de agradarnos, sino de enfrentarnos con la realidad por cruel que sea. Pero también, la fotografía tiene el poder de recordarnos quienes somos y transportarnos a los rincones más recónditos en el tiempo y espacio.

Continuar leyendo
Publicidad
Haz click para comentar

Contestar

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Internacional

Mataron a su novio, pero enamoró al asesino por internet y lo que hizo es brutal

Publicado

hace

Por

Un hombre llamado Bimbo tenía un crimen por encargo como siempre. Uno más. No era uno político ni comercial. Pero en principio consistía en un “trabajo” fácil y no debía despreciarlo para ganar dinero y prestigio. Era mediados de febrero cuando le asignaron la tarea a este sicario de Bogotá.

Debía asesinar sin dilación a un reciclador en la localidad de Bosa de la capital colombiana. Pero algo falló sin esperar. Más precisamente, su arma. Huyó antes de que respondieran con fuego su misión. Pero al escapar del altercado, percibió que una pareja que ingresaba a su vivienda con su vehículo lo había visto, y se le pasó por la cabeza lo peor.

No quería dejar testigos y no vaciló ni un segundoo: asesinó al conductor del automóvil, Ángel Giovany Aparicio, un paramédico. A su lado estaba su preciosa novia, quien desesperada y aterrada lo sostuvo en sus brazos los segundos finales de su vida.

Al principio, la policía no creían en la versión de la mujer. Afirmaban que Aparicio había sido víctima de una bala perdida durante el altercado en la calle. No creían que había sido fusilado sin piedad. Pero ella -cuyo nombre no trascendió por razones de seguridad- sabía bien qué había ocurrido esa noche.

Fue entonces que decidió comenzar a investigar y colaborar junto a la Sijín Bogotá para el esclarecimiento del caso de una vez por todas. Para ello -con la ayuda de los detectives policiales- ideó un plan perfecto: creó varios perfiles falsos en las redes sociales, concretamente en Facebook y comenzó a rastrear conocidos por la zona en que operaba el criminal.

Foto del asesino.

Poco a poco y sin descanso consiguió dar con él. Conocía su supuesto alias y su nombre, que fueron aportados por la policía. Pero necesitaba pruebas para incriminarlo. Hasta que el hombre cayó en la trampa por la red social.

La mujer lo conquistó como nunca se podía haber imaginado, ganó su confianza plena. Intercambiaron mensajes todos los días, de todo tipo. Orales y escrito. Ella le enviaba fotografías sexuales, incluso. Le contaba que estaba sola, que había sido condenada y que cumplía la sentencia en su casa. Decía pertenecer a una peligrosa banda criminal. Por el momento, sería difícil que se conocieran en persona para intentar tener una relación.

Pero le indicaba que estaba ansiosa y continuaba mandándole fotos íntimas para tenerlo bien atento, sin que su rostro apareciera claramente. Ciego este hombre, él también comenzó a contarle sobre su vida. A confesar sus delitos. Le relató varios asesinatos, pero sobre todo el que más le importaba a ella: el de su querido y añorado novio, el paramédico Aparicio.

Foto de su novio.

Al escuchar el mensaje que Bimbo le enviaba por el sistema de mensajería, la joven sintió que la sangre se le congelaba. Pero también sabía que tenía la prueba que tanto necesitaban las autoridades para hallar justicia.

El accionar de la mujer no sólo sirvió para poner tras las rejas al sicario, sino también para poner fin a una peligrosa banda delincuencial de Bogotá: Los Cápsulas, un grupo criminal dedicado al narco y a los asesinatos por encargo que opera desde hace 10 años en Bosa, Piamonte y Humberto Valencia, según consignó el diario El Tiempo. Quince de sus integrantes quedaron detenidos.

Continuar leyendo

Lo más visto