Hace poco en una sesión parlamentaria los preciosos Barrancos de Güímar fueron tema de debate, por una sentencia dictada por la Audiencia Provincial de Tenerife, que condena a cuatro areneros sin escrúpulos algunos, a la restauración de 22 millones de metros cúbicos en el caso Áridos del municipio de Güímar.

Poca gente sabe que el municipio de Güímar tiene algunos de los terrenos áridos de mejor calidad de todas las islas. Pero estos valiosos terrenos han sido expoliados de manera negligente durante más de treinta años, sin permisos ni licencias de ningún tipo para su explotación minera. Según estimaciones oficiales la extracción a diario en estos campos supera los 1.000 camiones de producto por jornada.

Esta esquilmación de tierra en los Barrancos sin control está causando un gran daño al medio ambiente. afectando a vecinos en muchos aspectos negativos. Uno de los areneros condenados ya está cumpliendo prisión, los otros tres areneros se declararon culpables, así evitando cumplir un año y tres meses de cárcel y solo cumpliendo la inhabilitación para ejercer actividades mineras durante más de un año.

Los políticos de nuestra tierra están intentando llegar aún acuerdo sobre este tema. Según declaraciones de un político del PSOE:

 “Parece que han convertido los Barrancos de Güímar en una finca particular de cuatro personas, con 270.000 metros cuadrados afectados en el mayor desastre ambiental de la historia de Canarias”

Un estudio epidemiológico de la Consejería de Sanidad del Gobierno de Canarias advierte del riesgo del elevado número de enfermedades respiratorias en el municipio Güímar, con el del resto del Archipiélago. La causa es la polvareda en el terreno por la actividad arenera, a esto hay que añadir daño causados a especies, el cauce del agua, el barranco y el entrono en general.

Esta tragedia de extracción de tierra con el permiso de algunos políticos en el poder y otros en la oposición, que han conseguido crear el peor desastre ecológico de Canarias, al que necesitarán varias generaciones para recuperar el equilibrio robado de la sociedad, flora y fauna en esa zona.