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El horrible secreto sobre la noche del hundimiento del Titanic que acaba de salir a la luz… no hay derecho a esto

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La película “Titanic” es probablemente el peor éxito de todos los tiempos. A pesar de estar llena de efectos impresionantes y de integrar una historia trágica que conmovió al mundo, su director, James Cameron, no aportó nada concreto a la industria cinematográfica y desperdició una enorme oportunidad para hablar sobre las 1.517 personas reales que murieron en el terrible suceso; prefirió establecer a dos personajes ficticios tan predecibles y vacíos con los que sólo algunos pocos pudieron identificarse.

Sin embargo, en un breve momento de la cinta, logró representar apropiadamente un momento de crueldad y clasismo: reveló que los pocos botes salvavidas que estaban a bordo fueron usados para rescatar exclusivamente a los miembros de primera y segunda clase, mientras que los de tercera se quedaron congelados o ahogados en las aguas del Océano Atlántico ese 15 de abril de 1912, hace más de 100 años.

“Titanic” (1997) mostró el desinterés por parte de los miembros de clase alta y –bajo su contexto melodramático– presentó los cadáveres flotantes de los pasajeros de bajos recursos que murieron tras el choque de la mansión flotante con un iceberg, pero le faltó un elemento extra que había quedado olvidado en la historia: el hecho de que esas personas que trataban de salvar su vida fueron mutiladas de los brazos para así impedirles subir a los barcos salvavidas y evitar que estos se hundieran. Así lo reveló el periodista Nacho Montero, autor del libro “Los diez del Titanic” en el que hizo registro de los testimonios de algunos de los sobrevivientes de dicha tragedia.

La información del libro publicada en el portal ABC por el periodista Manuel P. Villatoro, se enfoca en la historia de dos mujeres españolas que presenciaron cómo un oficial encargado de uno de los botes salvavidas usaba un hacha para cortarle los brazos a quienes trataran de usar un espacio libre mientras que a otros los asesinaban a sangre fría. Los náufragos desesperados que buscaban salvar su vida terminaban siendo asesinados por miembros de más alta categoría o personas con mejor suerte que ellos.

Nadie dijo nada. Ninguno de los sobrevivientes confesó haber visto semejantes crímenes y callaron durante años. Cuando se les cuestionó lo que había sucedido, no revelaron la muerte de aquellos que decidieron dejar atrás y hasta la fecha pocos se atreven a admitirlo. No fue sino hasta décadas después que este tipo de historias comenzaron a salir a la luz. La vida de los pobres era insignificante para los aristócratas que viajaban de Europa a Estados Unidos.

Ese no fue el único hecho deplorable alrededor del hundimiento del transatlántico. Al poco tiempo del accidente, se mandaron embarcaciones en busca de cadáveres para regresarlos a tierra y darles funerales propios. Sin embargo, los navíos no estaban hechos para soportar la carga de todos los cuerpos que hallaron, así que decidieron dejar en el agua a los difuntos que eran de tercera clase. Así lo revelaron una serie de telegramas que envió la tripulación de la nave a cargo, que no fueron descubiertos sino hasta 1980 por el historiador Charles Haas, quien comentó que posiblemente se pensó que dichas comunicaciones se mantendrían secretas, según informó el rotativo Daily Mail.

De los 334 cuerpos que fueron rescatados en el área de la tragedia, 116 fueron rechazados por las embarcaciones y se quedaron abandonados flotando en medio del océano Atlántico, mientras que el resto –de clase alta– fueron devueltos a sus hogares para ser enterrados con ceremonias dignas. Los ricos yacían cerca de sus familias mientras que los pobres eran ignorados y quedaron olvidados en medio del Atlántico Norte por el resto de la eternidad.

Si James Cameron acertó en algo fue en presentar la división de clases dentro de la cinta “Titanic”, reveló el constante desprecio de los miembros de la alta sociedad por aquellos pobres que –según sus perspectivas– no valían nada. La realidad fue mucho peor. Los cadáveres fueron ignorados y los brazos de quienes aún podían sobrevivir se mantuvieron flotando sobre los restos de esa mítica embarcación. Es un ejemplo más de cómo el hombre es un ser egoísta que siempre daría la vida de quienes considera inferiores con tal de mantenerse seguro. Es la condición humana en su máxima expresión.

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2 Comentarios

2 Comments

  1. Carolina

    15 Junio, 2017 at 2:47 pm

    Con todo respeto, ese film que ” no aportó nada concreto a la industria cinematográfica y desperdició una enorme oportunidad para hablar sobre las 1.517 personas reales que murieron en el terrible suceso” fue galardonado con 11 premios Oscar y una buena cantidad de otras premiaciones en su género. Y sí, al menos presentó parte de la realidad de lo que sucedió. Cameron no buscaba hacer un documental sino la recreación de un hecho historico a la luz de una historia de amor. El film obtuvo su cometido de entretener y lo cumplió en todo su esplendor con el fenómeno de taquilla que resultó. Labor será ahora de los documentalistas históricos reflejar lo que se informa en el librio citado en este post.

  2. Juan Diego García

    15 Junio, 2017 at 11:48 pm

    Me adejado de piedra, no me esperaba que llegase a tanto

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Canarias

¿Sabías que los canarios componen cada año una nueva canción gracias a esto?

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El pájaro canario cambia de timbre de canto en invierno. Se viene abajo. Se pone triste. ¿Cambio de ánimos? Sí. Es uno de los descubrimientos que unos científicos norteamericanos han constatado al analizar su comportamiento.

No hay que olvidar que es un símbolo institucional reconocido por el Gobierno de Canarias. Y es que la testosterona baja en otoño y contribuye a la capacidad del canario de perder creatividad a fin de componer una canción. Para cantar una nueva canción cada año debe estar con los ánimos por los cielos, según Beau A. Alward, profesor del Departamento de Biología en la Universidad de Stanford. Alward destaca que la testosterona controla las características específicas del canto de los pájaros canarios en dos regiones distintas del cerebro, que se asemejan a la corteza cerebral humana.

La investigación clínica apunta a un papel clave de las hormonas sexuales de los canaris en la regulación de este comportamiento complejo que es más preciso que el simple aumento de la motivación para cantar.

¿Se disparatan?

De acuerdo con un estudio publicado esta semana en «The Journal of Neuroscience» y al que ha tenido acceso ABC, el papel de las hormonas sexuales en la regulación de este comportamiento complejo que «es más preciso que el simple aumento de la motivación para cantar». Porque los canarios lanzan un nuevo tema musical o componen en otoño cuando se le relajan sus niveles de testoterona, que se han disparado durante la temporada de primavera.

El doctor Beau Alward ha investigado con los neurocientíficos Jacques Balthazart y Gregory F. Ball los efectos de la testosterona en el canto de los canarios al bloquear sus receptores en dos regiones cerebrales fundamentales e involucradas en el canto. Usando canarios masculinos, los autores encontraron que en el núcleo cerebral se regula la producción de unidades de canto como sílabas y su repetición rápida particular.

Hay otro tipo de sílabas cantadas por los pájaros que sugiere a los científicos que la testosterona «contribuye a la capacidad del canario para aprender una nueva canción cada año», indica el estudio.

¿Por qué han investigado sobre los pájaros canarios? Alward, profesor del Departamento de Biología, en la Universidad de Stanford, dice:

«la base de cómo las vocalizaciones aprendidas cambian durante el desarrollo y en la edad adulta representa un reto importante que enfrenta la neurociencia cognitiva» ya que demuestra «que las vocalizaciones aprendidas pueden cambiar tanto en los seres humanos como en las aves».

Un pájaro con historia:

El pájaro canario debe su conocimiento internacional a la Conquista de Canarias. «Juan de Bethencourt importó a Europa los primeros ejemplares de canarios silvestres, algunos de los cuales fueron ofrecidos a Enrique III de Castilla, por lo que es posible que fuera este monarca el primer afortunado poseedor de canarios en el continente», sostiene Francisco Javier Manchado, criador y experto en esta especie.

Manchado destaca que en su segundo viaje, Bethencourt importó nuevos canarios, «esta vez con destino a Francia, ofreciéndoselos a Isabel de Baviera, esposa de Carlos VI en el año 1410». Por eso, en las cortes europeas se difundió la costumbre de «criar canarios y en el siglo XV y el canario fue un ave de lujo, siendo el XVI cuando se establecen centros comerciales, donde Flandes y España eran los principales centros receptores.

A partir de los puertos españoles se comercializa a Italia, que pasa a ser un importante centro la aclimatación, especialmente la templada zona del Alto Adigio, desde donde la ruta comercial continúa hasta Alemania».

Artículo patrocinado y creado por ABC Canarias 

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