Desde mucho antes de que surgiera la primera Denominación de Origen para vinos canarios (Tacoronte-Acentejo), los guachinches se correspondían con una habitación de la casa familiar, donde la esposa del bodeguero ofrecía algunas tapas sacadas de la cocina familiar para acompañar a la perra de vino (el chateo), actividad que con el tiempo se ha ido profesionalizando.

Por encima de comodidades, el cliente del guachinche encontrará una cocina familiar y tradicional: guisos caseros, rotundos, como garbanzas con costillas, conejo en salmorejo, costillas con papas, costillas saladas con papas y piñas de millo, bubangos (calabacines) rellenos, papas con mojo, carne de fiesta (cerdo adobado en cubitos), baifo (cabrito), churros de pescado (pescado rebozado), etc. En repostería destacan los hojaldres, la leche asada o el bienmesabe. También podemos disfrutar de los frutos tropicales como la manga, los plátanos, etc.

En los últimos años se había restringido la oferta gastronómica de los guachinches debido a las quejas y denuncias de los restaurantes y bares “legales”, que se sentían perjudicados por la competencia, debido a que los guachinches normalmente no estaban regulados. Actualmente sí existe una normativa reguladora, por la que este tipo de locales abren sus puertas, en determinadas épocas del año, con la finalidad de dar salida a la cosecha de vino (en algunos suele ser desde noviembre hasta acabar con el vino; o desde abril…).

Ahora el consejero de Agricultura, Ganadería y Pesca del Cabildo de Tenerife, Jesús Morales, se ha mostrado partidario de “replantear” la normativa vigentes que regula los conocidos ‘guachinches’ porque sus propietarios la consideras bastante “restrictiva”.

El consejero cree que se debe “visibilizar y potenciar a los que se acojan a la legalidad vigente”, y ha demandado trabajo conjunto a todas las administraciones para salvar algunos “hándicaps” que tienen los ‘guachinches’, por ejemplo, la limitación de la apertura a 4 meses.