El barranco de Badajoz es un barranco situado en la isla de Tenerife −Canarias, España−, enmarcado dentro del término municipal de Güímar en el sureste de la isla. Su nombre proviene del conquistador castellano Juan de Badajoz, quien recibió tierras en esta zona tras la conquista de la isla a finales del siglo xv. Los aborígenes guanches nombraban a esta zona Chamoco, término con el que se ha seguido denominando por los naturales del lugar.

El barranco es un afluente del barranco del Agua o del Río, situándose en el extremo meridional del valle de Güímar. Nace a 1.852 metros sobre el nivel del mar en la Cordillera Dorsal de la isla en las proximidades de la cima de Izaña, y desemboca en el barranco del Agua a 152 metros sobre el nivel del mar en la zona conocida como Los Llanos. Recorre casi diez kilómetros, recibiendo el aporte de numerosos barranquillos que descienden de la Ladera de Güímar.

Durante parte del trayecto del barranco este se convierte en auténtico cañón, con paredes verticales a ambos lados. La parte superior del cauce se encuentra dentro de los espacios naturales protegidos del parque natural de la Corona Forestal y del paisaje protegido de las Siete Lomas.

El vestigio prehistórico más significativo que se encuentra en esta zona, demostrando así la actividad aborigen del lugar, es la Cueva del Cañizo; la cual está a 100 m de altura, aproximadamente, a la mitad del camino y en la pared izquierda del barranco que debe su nombre a las doce varas de madera de sabina, que se hallan colocadas en el techo de la misma; las que se pueden ver desde el cauce del barranco. Además varias momias guanches han sido encontradas aquí, de modo que el lugar era una zona de enterramiento aborigen y, en la actualidad, un importante lugar en yacimientos arqueológicos.

En las laderas del barranco se han excavado ocho galerías filtrantes que surten de agua a la población de la isla.2 De aquí parte el denominado canal de Araya que conduce el agua desde el barranco de Badajoz hasta el área metropolitana de Tenerife, abasteciendo a los municipios de Güímar, Arafo, Candelaria, El Rosario, San Cristóbal de La Laguna y Santa Cruz de Tenerife, y siendo utilizada tanto por la población como por las industrias y los comercios. En la parte baja del cauce se encuentran varias canteras de extracción de áridos explotadas desde los años setenta e inmersas en procesos judiciales por su presunta explotación irregular.

Leyendas
En torno al barranco han surgido numerosas leyendas e historias de sucesos extraños. Los testimonios abarcan apariciones de seres angelicales, el haber experimentado diversos fenómenos paranormales, avistamientos de luces, diversos entes u OVNIs, e incluso vestigios de rituales satánicos.

Son muchas las leyendas, misterios y anécdotas sobre experiencias que han tenido muchas personas que han visitado y permanecido en el barranco, principalmente suele pasar de noche. Muchas personas aseguran haber tenido apariciones de seres angelicales y de haber experimentado diversos fenómenos paranormales, entre los que destacan; apariciones de luminarias en la noche, avistamientos del legendario Tibicenas (demonios malignos en forma de perros oscuros), apariciones de entes, avistamientos de OVNIs e incluso han aparecido vestigios de rituales satánicos. El Barranco de Badajoz es considerado por la mayoría de parapsicólogos como un caso muy similar al famoso Triángulo de Bridgewater ubicado en Massachusetts (Estados Unidos).

En el Barranco de Badajoz el omnipresente silencio y la belleza del paraje son testigos mudos de los secretos milenarios que éste encierra. En su interior alberga, además, recónditas galerías de agua donde antaño trabajaban los lugareños en busca del preciado oro líquido. Sin motivo aparente, estos mineros abandonaron sus herramientas de trabajo, sus hogares y, sin echar la vista atrás, huyeron del lugar. ¿Por qué?, ¿Cuál fue el hecho que los ahuyentó de su trabajo, el único medio que tenían para subsistir?

Muchos son los investigadores que han intentado resolver el misterio de la pavorosa espantada. Los sabios del lugar, dicen que a principios de siglo (1912), dos mineros que se afanaban infructuosamente en encontrar una galería viable, derrumbaron una pared donde se toparon de frente con dos maravillosos seres de luz. Reza la leyenda, que éstos les invitaron a acompañarles y les indicaron el lugar idóneo para cavar. Otra versión, contrariamente, afirma que un pavor se apoderó de ellos y escaparon en búsqueda de la Guardia Civil. No hay documentos que corroboren esta última, pero la realidad es que, desde la huida, nadie habita en el barranco. Nadie se atreve.

Otra de las misteriosas historias del Barranco de Badajoz es la de: “la niña de las peras”. Nos remontamos a los primeros años de 1900. Se cuenta que los padres de una niña enviaron a su hija al barranco en busca de fruta pero ésta desapareció y no volvió a su casa. La zona fue rastreada completamente por vecinos y amigos de los padres, los cuáles desesperados buscaban a su hija sin encontrarla por ningún lado. Finalmente, desanimados, la dieron por desaparecida.

Varios años más tarde, la niña regresó a su casa, asombrosamente con el mismo aspecto que tenía al marcharse aquel día a buscar fruta, como si los años no hubieran transcurrido para ella. La niña contó a sus atónitos padres que había llegado al barranco buscando la fruta que sus padres le habían encargado y se quedó dormida al pie de un peral.

Allí fue despertada por un ser muy alto vestido de blanco. Contó la niña que este ser no le inspiró ningún miedo, y accedió a seguirle cuando se lo pidió. La niña acompañó al ser blanco hasta el interior de una cueva en la que había unas escaleras por las que descendieron hasta llegar a una especie de jardín en el que había más seres como él. Finalmente el ser la acompañó de nuevo a la entrada de la cueva y se despidió de ella, que recogió las peras y fue camino a su casa. Ella pensaba que sólo habían pasado unas horas, sin embargo habían pasado más de 20 años.
Actualmente se escuchan muchas historias de gente que ha pasado noches en el barranco o ha entrado a la gruta que existe en el barranco y ha escuchado la voz de la niña en forma de murmullos.

Mucha gente dice que es una “puerta a otra dimensión”, presenciaron hechos que se escapan a la imaginación: seres alados que, curiosos, se acercaban a darles una bienvenida. Prueba de ello, es la fotografía tomada por Teyo Bermejo (expedición en 1991), que sin saber bien a qué o quién disparaba su cámara, captó una instantánea del espeluznante ser. Años más tarde, osó en volver al barranco para conseguir más imágenes: esta vez, los insignes retratados fueron las esferas de luz blanca que danzaban, despreocupadas, entre la vegetación.

Con el miedo en el cuerpo, aquellos que se han atrevido a pasar una noche en sus entrañas, la mayoría escépticos, al día siguiente confirmaron que no pasaron la velada solos: escucharon murmullos de hombres y mujeres que, a modo de indescifrables conversaciones, brotaban de las entrañas de la tierra, acompañados por un continuo caer de piedras. Pocos son, muy pocos, los que se atreven a regresar al Barranco de Badajoz, abismo de misterios.