Vivían como mendigos, trataban de gastar lo menos posible, aunque se tratara de una emergencia o de su propia familia. Pero ¿qué pasa cuando esa práctica se convierte en obsesión? Obviamente se llega al extremo de no querer gastar en nada, ¡ni en un antojo! Hay gente que prefiere abstenerse para no tener que “derrochar” su dinero en cosas que parecen banales ante sus ojos. Seguramente recordarás a Ebenezer Scrooge, el protagonista del Cuento de Navidad de Charles Dickens, porque al parecer es el millonario más avaro de la ficción. Tampoco podemos dejar de lado al Sr. Burns de Los Simpsons… pero en el mundo real también hemos tenido a grandes poseedores de fortunas a las que les “duele” gastar su dinero.

Esta lista te presenta a las personas que han pasado a la historia como los más codos; algunos hasta tienen un lugar en los Récords Guinness.

Hetty Green

Mejor conocida como la “Bruja de Wall Street”, fue la mujer más rica del siglo XIX. Cuando murió, en 1916, su fortuna era de casi 200 millones de dólares. Debía su fortuna a que en toda su vida fue muy cuidadosa y nunca ayudó a los necesitados, aunque se trataran de miembros de su familia. En una ocasión su hijo se rompió una pierna y en lugar de pagar el tratamiento, intentó que lo atendieran en un hospital para personas de escasos recursos, es por esto que el libro de los Récords Guinness la tiene como la mujer más miserable.

Jean Paul Getty

Este hombre amasó su fortuna durante la Gran Depresión. Con el paso del tiempo llegó a tener intereses en más de 200 empresas, hasta que en 1966 el Libro de los Récords Guinness lo designó como el ciudadano más rico del mundo. En su casa tenía un teléfono de pago y se negó a pagar un rescate de 17 millones de dólares a cambio de la libertad de uno de sus nietos. Cuando los secuestradores enviaron una oreja del chico, con todo el dolor de su corazón pagó 2.2 millones. Al morir, en 1976, su fortuna era de 2 mil millones de dólares.

John Elwes

Tenía una fortuna superior a los 28 millones de dólares actuales, pero vivía como un hombre pobre, en una casa en ruinas. Sus ropas eran casi casi harapos y se iba a dormir en cuanto se metía el sol, para no gastar en velas. De hecho, él fue la inspiración de Charles Dickens para crear a Ebenezer Scrooge, de su obra Un cuento de Navidad.

Wellington R. Burt

Falleció en 1919, a los 87 años de edad, como uno de los hombres más ricos de Estados Unidos, con una fortuna estimada en 100 millones de dólares. Pero como no quería que su familia heredara tan fácil su dinero, en su testamento puso una cláusula en la que decía que los recursos pasarían a sus descendientes 21 años después de la muerte de su último nieto. El último superviviente de la tercera generación falleció en 1989, así que sus descendientes, los tataranietos, se repartieron la fortuna.

Ingvar Kamprad

Este puede pasar como uno de los más “normales” de la lista, aunque con ese dinero… mudarse de país para pagar muchos menos impuestos y luego… creo que con lo que ahorra en impuestos se puede permitir donar a caridad. El fundador de IKEA, empresa dedicada a la fabricación y venta de muebles, es una de las personas más ricas del planeta. La fortuna de este sueco se estima en 6 mil millones de dólares, pero desde hace 15 años conduce un Volvo, vuela en clase turista. En los años 70 cambió su residencia a Suiza, un país famoso por ser un paraíso fiscal.

Los hermanos Collyer

Homer y Langley Collyer vivieron juntos toda la vida en su casa de Nueva York. Temían a los intrusos y se convirtieron en unos ermitaños que tapaban las ventanas y ponían trampas para evitar robos. Como no pagaban sus facturas les cortaron el agua, la luz y el gas. Cuando murieron, en su vivienda había 130 toneladas de basura. Sus bienes fueron valuados 1.2 millones de dólares actuales.

Ephraim Lópes Pereira d’Aguilar

Fue un noble austriaco que se convirtió en barón a la muerte de su padre, en 1759. Heredó una gran fortuna y vivió en Londres en una mansión con 20 sirvientes, pero poco a poco se convirtió en una persona miserable y se fue a vivir a una pequeña vivienda. Antes de morir escondió su fortuna de 3 mil millones de dólares, para que sus hijas tuvieran que encontrarla.

Miguel Ángel

A pesar de ser muy solicitado como pintor y escultor, y ser muy bien remunerado, el maestro renacentista Miguel Ángel vivió su vida como un mendigo. Cuando murió, dejó un patrimonio de 50 mil florines (unos 55 millones de dólares), superando en riqueza a personajes de la talla de Leonardo Da Vinci.

Oliver Cromwell

Fue Caballero Protector de Inglaterra, Escocia e Irlanda durante el siglo XVII y su miseria afectó a miles de personas. En 1647 encabezó un movimiento que intentaba prohibir la celebración de la Navidad y que sólo quedara como una conmemoración religiosa. Los soldados tenían poderes para confiscar todas las comidas especiales, los árboles de Navidad y cualquier tipo de decoración, además estaban prohibidos los villancicos. En 1660, Cromwell fue derrocado.

Andrew Carnegie

A pesar de tener una fortuna de 3 mil millones de dólares, este empresario escocés nacido en 1835 era conocido por ser un tremendo tacaño. Llegó a Estados Unidos cuando era muy joven y ahí amasó su riqueza en la industria del acero, pero también crecía su avaricia. Llegó al extremo de dejar propinas de ¡un centavo! Aunque al final de su vida se convirtió en un filántropo que fundó más de 3 mil bibliotecas e impulsó el desarrollo científico.