Esta es la única raza porcina autóctona de todo el archipiélago canario, está catalogada por desgracia en peligro de extinción y, después de unos años para elaborar un censo de esta raza, formar a los ganaderos y seleccionar animales, ahora hay que profundizar en temas como la alimentación, la infiltración grasa y su manejo para ofrecer un producto de calidad, muy similar al cerdo ibérico que tanto vemos en los supermercados.

Esta increíble raza de cochino ha pasado de tener un ratio de tres o cuatro animales por explotación a una media de quince reproductores, por lo que se mantiene el censo de 500 madres repartidas en toda Canarias, con un mayor número en Tenerife y Gran Canaria.

Pero la historia de este cochino se remonta desde la llegada de los guanches. Los restos más antiguos que se han encontrado provienen de La Palma, pero están presentes en casi todos los yacimientos arqueológicos descubiertos hasta el momento. Esta raza porcina tenía según algunos expertos un origen norteafricano, y los guanches obtenían de ellos carne, manteca para conservas, pieles con las que vestir y huesos para fabricar herramientas y adornos. La raza actual se creó gracias al aporte que recibió esta población inicial de razas británicas y de la Península Ibérica tras la conquista de Canarias durante muchos años.

Para saber diferenciar el cochino negro de otras razas hay que fijarse en su pronunciada papada, abundantes arrugas en la cabeza y orejas muy largas que pueden llegar hasta el extremo del hocico. Su capa es negra, con cerdas abundantes, fuertes y largas, el tamaño medio a los 12-18 meses (edad del sacrificio) alcanzan los 130-160 kg.

La carne del cochino negro canario destaca por su sabor, muy parecido al ibérico, blanda y con una textura de corte casi perfecta. Las chuletas o solomillos a la brasa son una exquisitez que no tiene comparativa posible con otras razas de cochino. Además se usa en la elaboración de los típicos chicharrones (cortezas fritas empapadas en gofio) y el chorizo canario.