La historia que le vamos a contar empieza en 1949 en Semana Santa, cuando un centenar de campesinos de Gran Canaria que habían vendido sus tierras y animales, y algunos se habían hasta endeudado hasta las cejas con sus familiares para pagar las 4.000 pesetas que costaba el viaje. Un velero destartalado arribó a nuestras costas con 106 inmigrantes ilegales a bordo. Los sin papeles detenidos, entre los que había diez mujeres y una niña de cuatro años, se hallaban en condiciones lamentables: famélicos, sucios y con las ropas hechas jirones. La bodega del barco, que sólo medía 19 metros de eslora, parecía un vomitorio y despedía un hedor insoportable.

El barco llamado La Elvira era una embarcación de tipo goleta que Ramos Redondo (tineferño) se había comprado hace nada más que un mes, por un precio de 250.000 pesetas. El barco era muy viejo, ya había pasado por varias manos, en su mayoría pescadores africanos y según se decía su construcción pasaba los 90 años. Los campesinos que decidieron embarcar en esta goleta, se acercaron en canoas hacia la isla de Fuerteventura donde La Elvira estaba anclada, al poco tiempo de abordar la embarcación una lancha de la Guardia Civil les daba el alto entre disparos y gritos, pero el capitán del barco no se detuvo y decidió continuar con su aventura hacia América, las provisiones del barco consistían en papas, gofio y garbanzos. Salieron de Canarias Somos 85 hombres, 11 marineros, 10 mujeres y una niña de 4 años. Las mujeres dormirán en los camarotes de popa y los hombres en la bodega.

En el medio del océano Atlántico una gran tormenta estuvo a punto de hundirlos, pero la embarcación logro mantenerse y soportar el duro temporal. Ya habían navegado durante más de 1 mes en muy duras condiciones y la reservas de comida y agua ya escaseban, y la moral de los canarios estaba por los suelos y empezan a creer que el capitán nunca llegaría a la costa, estaban totalmente desolados y casi perdidos. Muchos de ellos pasaban casi todo el día en la bodega del barco apretados como sardinas y tumbados, vomitaban unos sobre los otros y pronto se llenaron de piojos. El ácido de los vómitos y el salitre del mar desgastaron sus ropas, que pronto se convirtieron en harapos. Con aquellos jirones, las mujeres hicieron compresas cuando se les presentó la regla. En el amanecer del día 22 de mayo, y tras un duro viaje de 36 días por el océano, llegaron a las costas de Carúpano en Venezuela.

Al desembarcar famélicos, tras 36 días de calamidades muy duras, se lanzaron sobre una fruta extraña que olía a trementina, y que pensaron era venenosa, pero pudo más el hambre que el miedo a morir. Tuvieron suerte, esas frutas eran mangos. Navegaron unos 6.000 kilómetros en esos 36 días por el océano y consiguieron su objetivo de una nueva vida en América. Cientos de barcos salieron de las Islas Canarias hacia América, especialmente a Venezuela. Se calcula que, sólo en los años 40, de las Islas Canarias salieron 128.000 canarios hacinados en barcos de vela.