Los aborígenes canarios tenían varias creencias y dioses de culto, pero hoy queremos destacar las entidades demoníacas llamadas Los Tibicenas en Gran Canaria y Guacanchas en Tenerife, según cuentan las leyendas recopiladas de los aborígenes canarios en las islas. Estos eran demonios en forma de perros oscuros, siniestros y terroríficos, con ojos rojos resplandecientes que aparecían en la antigüedad por las islas sin que nadie haya podido averiguar, hasta el momento, su procedencia con exactitud y veracidad.

Según cuenta las leyendas, esta entidades demoníacas vivían en los barrancos y las sombras de los ricos, para desde allí, sembrar el miedo con ataques a los aborígenes y sus animales de manera siniestra.

Dado el miedo que producían, se les adoraba con ofrendas de comida y miel, en las grietas elevadas del suelo, donde vivían estos fantasmas a los que tanto temían en sus historias que pasaban de generación en generación. Cundo pasaba algo muy malo o veían sus apariciones gente importante, se les llevaba ofrendas más grandes, como ovejas y cabras.

Se sabe que estos seres demoníacos tenían forma de perro, pero en algunas excavaciones arqueológicas en Gran Canaria, estatuillas de barro con forma de cerdos que también lo representaba, así como osos, tortugas e incluso de mono.

En algunas crónicas que están por certificar, se habla de los Tibicenas de Tenerife como seres que salían del mar y devoraban a los hombres. En los yacimientos del Barranco de Santos y las Cañadas del Teide, así como los de el Barranco de Guayadeque en Gran Canaria, se han encontrado cráneos de perros de gran tamaño, que no han podido ser identificados por los científicos, estos hallazgos son el mejor respaldo de que la mitología en torno a los Tibicenas pudo haber tenido una base real.