Kolinda Grabar-Kitarović, antes del mundial, era como una presidenta exótica de un país exótico. Ahora ya no: Croacia es el finalista de la Copa del Mundo y ella es una de las presidentas más famosas del globo. Fuera de todo protocolo, casi descontrolada, así festejó y se mostró en el palco durante los partidos contra Rusia y, ayer, Inglaterra.

¿Y el gesto reñido? ¿La típica sonrisa y el apretón de manos al presidente derrotado? ¿Y el traje sastre o el vestido sobrio? A Kolinda no le vengan con esas. Es que esa –perdón ¿eh– rubia llamativa que festeja como cualquier hija de vecina la histórica clasificación es una presidente. Parece imposible, pero no lo es.

Luego bajó al vestuario. Y nada “Vístanse, que viene su eminencia”. Kolinda bajó a las duchas de los muchachos y cantó como una más… saltando y moviendo el brazo, como hacemos los sudamericanos.

Lo futbolistas ¡en ropa interior!, sudorosos o aun mojados del baño, recibieron el eufórico abrazo de su Presidenta. El mundo mira azorado aunque con una sonrisa de oreja a oreja: acostumbrados a los presidentes de gesto adusto y prontuario eterno, Kolinda enamora a todos con solo verla. Si nos dicen que no es corrupta, haríamos cartón lleno. Última advertencia: no le lleven a Kolinda un “tablón” del estadio, porque se sube, toma una bandera y se pone a cantar las canciones más duras de las barras…